Miedo me da cómo pueden interpretar este texto algunos radicales cristianos, para quienes solo ellos están en posesión absoluta de la verdad. Digo miedo. Suena a terrible confirmación de parte de Dios. Aquí cabe una lectura de lo más “secta” y menos religión, nada de apertura y mucho elitismo. También con esto hay que lidiar y está muy bien que se recoja en el Evangelio, porque es de lo más humano. Somos con orgullo los elegidos, mientras los otros son despreciados. ¿Es así? En no pocas ocasiones me las he visto, un rato simplemente, dialogando algo parecido incluso con amigos, convencidos ellos mismos de haber alcanzado lo máximo y estar en posesión de la verdad hasta el punto de confundirse con ella.

La meta es Cristo y no  otras cosas. La alabanza se hace hoy a quienes escuchan y ven al Señor. No a los que entienden todo, sino a los más próximos, a los extremadamente próximos capaces de rozar el manto con su sensibilidad. Y todos ellos, a estas alturas del camino, estaban necesitados de conversión. Nunca dejaron de estarlo. Pero sí, fueron dichosos porque vieron y escucharon. Quizá su silencio, su atención fue transformando su corazón y entendimiento. Tan próximos a la Palabra. Ahora bien, a mayor proximidad al Misterio, más Misterio y menos claridades rotundas y juicios, mucha más humildad y menos pretensiones, más confianza y abandono y menos orgullos. No me cabe duda.

Aquí no hay más gloria, ni nada más que celebrar, salvo que Dios se ha acercado tanto a las personas que se ha dejado ver, oír, acompañar. ¿Dónde está tu mérito?

Mateo (13,10-17):

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: “Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.” ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»

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